David Trueba, 2008, Anagrama.
Abro el libro intrigada por el título, intentando imaginar previamente qué puede hacer de un texto "la mejor novela escrita el año anterior en cualquiera de las lenguas españolas".
Empieza con una pregunta: "¿Es esto deseo?"
"El deseo trabaja como el viento. Sin esfuerzo aparente. Si encuentra las velas extendidas nos arrastrará a velocidad de vértigo. Si las puertas y contraventanas están cerradas, golpeará durante un rato en busca de las grietas o ranuras que le permitan filtrarse..."
Aparecen varios personajes. Una adolescente llamada Sylvia, aburrida del instituto. Lorenzo, un hombre de mediana edad abandonado por su esposa. Leandro, anciano cuya mujer acaba de romperse la cadera. Ariel, veinteañero recién llegado de Argentina como gran fichaje de un importante equipo de fútbol.
Y pronto estamos sumidos en sus vidas. El poético comienzo no es representativo del tono general, sencillo, escueto. Los personajes se van interrelacionando y aparecen algunas sorpresas. A veces sonreímos, otras sentimos lástima, perra vida.
Llegan más preguntas, sobre el amor, sobre uno mismo. Sobre el final. Cada vez queremos saber más de ellos. Cada rato esperamos que algo tenga salida. Que ese pequeño paréntesis en el que nos fueron presentados se aleje del título, presente como una amenaza.
Me ha gustado. Es verosímil. Es extraño pensar la normalidad con la que aceptamos algunos sucesos brutales que contiene. Cómo alberga violencia y desesperación, con qué franqueza escarba en el lado más oscuro de cada uno. Y pese a conocerlo, eso no nos aleja de sus protagonistas.
Creemos que la de ellos es una vida normal. ¿"normal"? ¿somos así? ¿o lo que nos sorprende es pensar que podemos ser así en cualquier momento?
Sus personajes toman decisiones que podrían parecer fáciles de condenar. Sin embargo, en general, no lo hacemos. No esperamos que tengan consecuencias y lo lamentamos si ocurre. No deja de tener algo de mágico, conseguir que el lector acepte decisiones moralmente tan indefinidas. Acabo de leer una crítica de un lector que abandona la lectura porque dice que no le aporta nada. Pero a mí me interesa lo que les ocurra, y lamento que no les vaya bien. ¿No es suficiente? A mí me parece mucho...
Qué será de ellos ahora.
Pdta: me gustan los protagonistas, especialmente los más jóvenes y los más viejos, Lorenzo es el que menos me interesa. Y me gusta que Ariel tenga protagonismo, no sea el secundario detrás de Sylvia, del mismo modo que Osembe lo es de Leandro o Daniela de Lorenzo. Pero ese narrador apoyado en alguien fuera de la familia, ¿no rompe el equilibrio de la narración? ¿no inclina la balanza hacia una doble visión que no existe en las otras relaciones? lo hace más rectangular que redondo...
viernes, 29 de mayo de 2009
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- miria quiso creer
- Hace ya tiempo que miria quiso creer. Percibo cambios en el horizonte y hay que afrontarlos. Seguiré hablando sola, pero en voz un poco más alta, por si alguien quiere replicar.
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