martes, 25 de noviembre de 2008

Hace mucho que te quiero.

Philippe Claudel, 2008.

Reconstrucción. Donde todo estaba roto, empezar otra vez. Sin fuerzas, con pocos apoyos, forzándose a mirar hasta encontrar algo que merezca la pena.

Juliette aparece después de muchos años. Descubrimos que lleva una década en la cárcel, y la decisión de su hermana Léa de cobijarla en su casa desagrada al marido, preocupado por la estabilidad familiar. Juliette es hermética y Léa se esfuerza sin demasiado éxito en penetrar su coraza. Y desconfiamos de ella, porque tiene un pasado oculto, arrastra un mal que desconocemos pero que la marca como diferente a los ojos de todos.

Sin embargo, las dosis de cariño que Juliette capta a su alrededor (de sus sobrinas, de los amigos, de ese inigualable abuelo mudo que se pasa el día leyendo) la hacen despertar pogresivamente, con la misma suavidad con la que percibimos que su pasado de asesina es en realidad una herida abierta, cuyas cicatrices dolerán siempre.

Es una película de inmensa belleza, con personajes sencillos pero cargados de una hondura difícil de encontrar. La realidad cruel mezclada con la ternura, nuestras carencias miradas de frente como forma de reconocernos. Y todos están soberbios, pero especialmente las hermanas, Kirstin Scott Thomas, que cincela su rostro a voluntad, y Elsa Zylberstein, capaz de iluminar una mirada sin parpadear antes.

Pdta: reconstrucción el día que más necesaria era. Guiños del destino o de tantas compañías que enderezan aquello que se tuerce...

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Hace ya tiempo que miria quiso creer. Percibo cambios en el horizonte y hay que afrontarlos. Seguiré hablando sola, pero en voz un poco más alta, por si alguien quiere replicar.

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