domingo, 30 de noviembre de 2008

Almas grises

Philippe Claudel, Salamandra, 2005.

Francia, 1ª Guerra Mundial. Un escenario desolador, marcado por la muerte, el frío, la pobreza, el hambre. Un pueblo donde casi nadie tiene nada, excepto el fiscal y el juez. Los demás, pobres demonios, se consuelan disfrutando de sus familias, del amor que les une con los suyos.

Entonces aparece el cadáver de Belle de Jour, la hija del tabernero. Una niña dulce e inocente brutalmente asesinada. Nadie puede comprenderlo. Todos asisten con impotencia a la falta de respeto del juez, que disfruta comiéndose unos huevos delante del cuerpo inerte. Especialmente el policía, que vivirá el resto de su vida obsesionado por el caso.

"Cabrones, santos... yo no he conocido a ninguno (...). Las cosas no son ni blancas ni negras, lo que reina es el gris. Los hombres, sus almas..., pasa lo mismo. Tú eres un alma gris, rematadamente gris, como todos nosotros..." (p. 107).


A partir de cierto momento, las vidas de los personajes son sólo el trámite necesario para reunirse con sus muertos. La vida como paciencia, la cobardía como motivo por el que continuar vivo, la muerte como esperanza de recuperar un pasado mejor arrebatado a su vez por es misma muerte. La imposibilidad de recuperarse. La condena del vagar sin descanso. El chispazo de un cálido recuerdo.

Pdta: "Escribir hace que seamos dos" (p 183).

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Hace ya tiempo que miria quiso creer. Percibo cambios en el horizonte y hay que afrontarlos. Seguiré hablando sola, pero en voz un poco más alta, por si alguien quiere replicar.

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