Javier Argüello, Lumen, 2008.
Inicio: "Vine a Mallorca con el firme propósito de dejar de escribir. Cuando se lo anuncié, mi editor puso el grito en el cielo."
Final: del cap. V: "-¿Y cómo puede ser que los veamos y hablemos con ellos?
El capitán le sostuvo la mirada durante un instante.
-Joder, Aguiar, ¿tanto le cuesta entenderlo?".
del epílogo: "El barco respondió obediente y yo lo dejé orzar. Sin prisas doblamos el cabo, y salimos a la noche".
Un escritor que quiere dejar de escribir. Alentado por su editor, se refugia en una casa prestada, en una cala mallorquina. Tras unos días de adaptación decide visitar en la ciudad a una mujer que fue amiga de su tía, ya fallecida. Pasa un par de días con ella y su hija, Ana. Al volver a la casa nota ciertas diferencias difíciles de concretar. Descubre que su tía Blanca vive con un amigo, Harvy, en el sótano de su casa. La música incesante de un piano le lleva a cavar un agujero que provoca una rotura de tuberías. La inundación es tal que afecta a los cimientos de la casa y el mundo en el que vive comienza a desmoronarse.
Dos historias: la del escritor, Joaquín, y la que Joaquín está escribiendo: Ernesto Aguiar, fallecido que no tiene conocimiento de que ha muerto, embarca junto al capitán Zap, en un viaje en el que visitan varias islas de habitantes desconcertantes. Aguiar y Zap están encerrados en casa de Joaquín hasta que escapan cuando alguien fuerza la cerradura.
Mar en invierno. Ancianos. Barcos. Personajes. Muertos. Todo mezclado. Pasado, presente y ficción. A Joaquín nunca le asusta, como mucho le desconcierta ligeramente.
Decadencia y pérdida.
En las entrevistas, Argüello admite las influencias de Borges, de Bioy Casares, de Poe. A mí me ha recordado mucho a "Pedro Páramo" desde la primera frase ("Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre"); S., siempre certera, me recuerda que el título está tomado de García Márquez. Argüello es argentino, sobrino nieto de Miguel Ángel Asturias, profesor de escritura creativa. La soltura con la que maneja el lenguaje, la fluidez de las descripciones de paisajes y estados de ánimo demuestran que es un escritor consolidado. Sin embargo, aunque el tono general de la novela me ha gustado, echo en falta ser capaz de discernir qué quiere transmitir, cómo interpretar la coexistencia de planos. En una especie de epílogo que me parece prescindible, Joaquín explica que percibe presencias desde niño, y que el proceso de educación le llevó a tratar de ignorarlas. Cuando Joaquín y Ernesto se encuentran cara a cara, cambian sus ropas y es Joaquín quien parte con Zap, quién sabe hacia dónde. ¿Es la muerte un cambio de plano, una mera transición a un lugar desde el que se puede interactuar con los vivos? Los personajes de esta novela no parecen temer a la muerte, tan sólo sufren la tristeza por la pérdida de los que ya no están con ellos. ¿Sólo unos cuantos seres especialmente perceptivos pueden contactar (como Joaquín) o podríamos todos (pues también parecen hacerlo la madre de Ana ¿y la propia Ana?)?. La novela no ofrece respuestas, es conscientemente abierta, plantea posibilidades al lector y le deja decidir, pero en esa inexplicación del mundo creado pierde parte de su fuerza.
lunes, 3 de noviembre de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Datos personales
- miria quiso creer
- Hace ya tiempo que miria quiso creer. Percibo cambios en el horizonte y hay que afrontarlos. Seguiré hablando sola, pero en voz un poco más alta, por si alguien quiere replicar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario