Frédéric Beigbeder, Anagrama, 2003.
Puedo decir dos cosas: uno, que lo he acabado, cosa que no ocurre con excesiva frecuencia. Dos: que una vez acabado creo que no merece la pena.
¿Qué pretende este libro? No sé contestar. Ser crítico, rompedor. Vale. Demostrar habilidad con el lenguaje. Vale. Provocar. Sólo hasta cierto punto. Pero todo esto es superficial: ¿qué hay después? ahí es donde patina: no hay nada. No hay historia, no hay personajes, no hay lógica. No hay nada, sólo destruye. Es inteligente y ácido, y a la vez, está vacío. Me recuerda mucho a Douglas Coupland: el afán por criticar el modo de vida actual sin ofrecer una alternativa, muestran al lector lo absurdo del mundo que le rodea, pero le dejan solo en la búsqueda de soluciones.
En el libro, un publicista de alto nivel escribe un libro con el que espera ser despedido. No desea dimitir para que el despido le aporte la indemnización millonaria que le permita seguir con el ritmo de vida que lleva: drogas, alcohol, prostitutas, lujo... El consumidor como masa sin capacidad de pensar, sometida a los deseos que la publicidad crea en él sin que ni siquiera sea consciente. Dosis extraordinarias de creatividad invertidas en disimular la ineptitud y el desinterés.
No creo que lea nada más de este autor (pero al menos he aprendido a escribir su apellido).
martes, 28 de octubre de 2008
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- miria quiso creer
- Hace ya tiempo que miria quiso creer. Percibo cambios en el horizonte y hay que afrontarlos. Seguiré hablando sola, pero en voz un poco más alta, por si alguien quiere replicar.
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