domingo, 5 de abril de 2009

Esta vez, ella

Ella podría haber sido un personaje de alguien. Habría sido un secundario, porque es de esa gente que nunca consigue el papel protagonista.
Ella está en un lugar donde desentona. No pega. Tiene todos los elementos: tiene una amiga, tiene una copa, tiene el pelo largo y rubio, tiene un vestido negro. Pero hay interferencias: la amiga es muy seria. El vestido es más propio de una oficina que de un ambiente nocturno. Las medias son demasiado oscuras y los zapatos demasiado cerrados. Y ella es demasiado fea, demasiado fea para que alguien repare en ella. Porque en la oscuridad sólo lo bonito se distingue, el resto de deshace.
Para mí, sin embargo, ella es hipnótica. Tiene algo que no puedo dejar de mirar.
Ella está ahí porque le apetece.
No está ahí como su amiga, que posiblemente se sienta obligada a salir para no tener que escuchar a unos padres demasiado mayores demasiado preocupados por ella. No está ahí para intentar conocer a alguien, para buscar desesperada un hombre (cualquier hombre) que le ayude a sentirse un poco menos sola. No está ahí para poder contar el lunes dónde estuvo el sábado por la noche, ni para perpetuar una rutina que le incomoda pero que no sabe cómo evitar. No está ahí para encontrar nada, no busca nada.
Está ahí porque le gusta salir. Le gusta escuchar música y poder moverse. Le gusta poder tener una amiga y una copa, y poder cantar cuando se sabe la letra, le gusta bailar aunque no acabe de seguir el ritmo. Y si la miras, ves que casi todo el rato está sonriendo, con una sonrisa sencilla y limpia. Pero casi nadie la mira.
Casi nadie la mira, y es lo más interesante que hay en este bar.

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Hace ya tiempo que miria quiso creer. Percibo cambios en el horizonte y hay que afrontarlos. Seguiré hablando sola, pero en voz un poco más alta, por si alguien quiere replicar.

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