jueves, 5 de marzo de 2009

Ni de Eva ni de Adán

Amélie Nothomb, Anagrama, 2009.

Nothomb recupera su prosa brillante. Directa, hilarante, sorprendentementes sensitiva, vitalista. Acabo de leer una crítica en "El sur" sobre su supuesto egocentrismo. A mí me gusta. Me gustan los escritores que utilizan la primera persona de forma no sólo verosímil, sino empática. Nothomb disfruta mucho de la sensualidad y para mí es un placer llegar a la voluptuosidad a través de sus palabras. Enseña a observar y valorar la vida, la gente, sus peculiaridades; algunos de los mejores momentos de la novela, ella está sola paladeando lo que la rodea. Es una maestra de vida y de escritura. Cualquier excusa puede servirle de argumento, porque de lo que hablan sus libros (o lo que yo leo en ellos) es de la intensidad con que disfruta la vida. Una delicia.

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Hace ya tiempo que miria quiso creer. Percibo cambios en el horizonte y hay que afrontarlos. Seguiré hablando sola, pero en voz un poco más alta, por si alguien quiere replicar.

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