miércoles, 3 de septiembre de 2008

Una mujer en Berlín

Anónima, Anagrama, 2007.

Nos encontramos ante un diario escrito entre el 20 de abril y el 22 de junio de 1945 por una mujer anónima en Berlín. Son los meses en que tiene lugar la caída definitiva del régimen nazi, la llegada de los rusos y los primeros intentos de organización postbélica. Es una historia real conservada gracias a la insistencia de un amigo de la mujer, K. W. Marek, que consiguió que lo publicaran en Estados Unidos en 1954. Este amigo es conocido en España por escribir bajo el pseudónimo C. W. Ceram "Dioses, tumbas y sabios".
Es un libro tremendamente duro, donde se habla de hambre, de inseguridad, de violencia, de humillación, de violación, de carencia absoluta. Impresiona especialmente porque la protagonista nunca se detiene en la autocompasión: desde el principio entiende que debe tomar un papel activo para asegurar su supervivencia, y se sobrepone a todo lo necesario para llegar al día siguiente. En un momento en el que no hay mañana, ella busca estrategias para conseguir acabar cada día. Y fascina su frialdad, entendida como método de defensa para no rendirse, para aguantar un poco más, para seguir blindada a lo que sea necesario.
La protagonista fija sus opiniones sobre los alemanes, los rusos, los aliados (no deja títere con cabeza), es una mujer culta que habla varias lenguas y puede comunicarse con "el enemigo", por lo que basa su supervivencia en seducir a un ruso importante en el escalafón militar que la defienda como botín de guerra frente a los demás: es preferible ser violada cada día por un único hombre que por varios. Nos transmite también la necesidad de seducción como único medio de conseguir comida, y plasma el papel de las mujeres en la reconstrucción, la incapacidad de los hombres para asumir lo ocurrido, la rutina de una ciudad tomada, el índice de suicidios. Es un retrato sobrecogedor de una ciudad en guerra, y es imposible permanecer indiferente a lo que narra.
Genera dosis desbordantes de empatía y sufrimiento, y nos enseña (o recuerda) por qué una guerra nunca es una opción. Me ha dejado muy impactada como lectura, justo antes de viajar a Berlín, y se la recomiendo a todos los que me rodean.

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Hace ya tiempo que miria quiso creer. Percibo cambios en el horizonte y hay que afrontarlos. Seguiré hablando sola, pero en voz un poco más alta, por si alguien quiere replicar.

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