domingo, 3 de agosto de 2008

Un hombre en la oscuridad

Paul Auster, Anagrama, 2008.

La última novela de Auster nos cuenta la noche de insomnio de August Brill, crítico literario retirado y viudo que vive con su hija divorciada y su nieta, cuyo novio ha fallecido recientemente.
Hay dos partes argumentales bien diferenciadas y poco hiladas entre sí. Por un lado, la narración que Brill inventa para entretenerse y evitar pensar en cosas que no le apetecen. Es la historia de Owen Brick, personaje al que introduce en una situación inverosímil para estudiar sus reacciones. Brick despierta en un agujero en la tierra, en un lugar para él desconocido, sin saber cómo ha llegado hasta allí (principio potente que prometía mucho más de lo que da). Poco a poco va consiguiendo información a través de personajes estereotipados, y se da cuenta de que ha sufrido una especie de salto a otra dimensión en la que Estados Unidos lleva años en una guerra civil entre estados federales e independentistas, un mundo donde no ha habido 11-S ni guerra de Irak. La trama se va complicando cuando Brick es localizado por los militares y éstos le informan de que tiene una misión: matar a August Brill, un anciano que está pensando la guerra, puesto que si deja de pensarla, esa realidad desaparecerá. Brick es consciente de lo delirante de la situación, pero los que lo rodean le dejan muy claro que la única alternativa a la muerte de Brill es la muerte del propio Brick. Las alusiones borgianas se explicitan en el texto y van más allá, aludiendo a Giordano Bruno como fuente original de la historia.
La otra parte son las reflexiones que desvelan a August Brill en aquellos momentos en que no continúa su fabulación. Las vueltas continuas al pasado, a su relación con su esposa, ya fallecida, con el intervalo de unos años en que estuvieron divorciados y él estuvo con otra mujer. La preocupación por su hija, que parece haberse acostumbrado a la soledad, y por su nieta, paralizada desde el fallecimiento de su novio, incapaces ambas de rehacer su vida. Las formas de animarlas a continuar.
Ambas partes son, en mi opinión, de calidad muy desigual, y no encuentro sentido a su combinación. Ambas tratan temas recurrentes en el autor, pero la primera, que cubre aproximadamente la primera mitad de la obra, es bastante pobre: no sólo es inverosímil, sino que avanza sin rumbo y su final es completamente absurdo. Puede argumentarse que el motivo es que ésta es la ficción de Brill, y no de Auster. En cualquier caso, ¿qué función ocupa en la novela? "Parece importante que el protagonista de mi historia llegue a conocerme un poco, a enterarse de la clase de perona con quien se las tiene que ver, y ahora que se ha zambullido en alguno de los libros que he recomendado, finalmente hemos empezado a establecer un vínculo" (pg. 121). Pese a las palabras de Brill, esta ficción no es necesaria para conocer mejor al personaje, porque Brill ya se desvela hablando de sí mismo. Puede tener sentido como crítica a la sociedad actual, pero quizá rechine en una novela sobre relaciones humanas y sentimientos (claro, que quizá no vaya de eso, y yo obvio lo demás porque ésta es la parte que me parece más sólida). Y es floja, en construcción, en ritmo, en personajes y desde luego en un argumento que busca una profundidad (realidades paralelas, mundos que cobran realidad al pensarse, círculo de pensador que crea al pensador que crea..., demiurgos) que sólo logra esbozar y que necesita derivar hacia la ciencia ficción para poder solucionarla de manera mínimamente digna. Tengo serias dudas de que un hombre que ha dedicado su vida a leer (recordemos que Brill era crítico literario) pueda pensar que la mejor opción de diálogo en palabras de su personaje femenino, aquella rubia que tenía enamorado a Brick en el instituto y con la que se encuentra en la otra dimensión, diga: "Lo siento, Owen. Quería haber pasado unas horas contigo para seducirte y llevarte a la cama. En serio. Quería matarte a polvos. Acuérdate cuando vuelvas" (pg. 80).
La segunda parte, en cambio, es mucho más potente. Me encanta la parte en que abuelo y nieta, tumbados ambos en la oscuridad, charlan como nunca lo habían hecho, contándose sus intimidades. La soledad, o la forma de escapar de ella, es recurrente en el autor. Brill se preocupa por sí mismo, pero especialmente por su familia, y con mucho tacto, va ayudando a sus mujeres a rehacer sus vidas. Es una parte tierna que consigue no derivar en ñoñería, y es, a mi juicio, lo más interesante de la novela. Los tres miembros de la familia son, a su modo, creadores, intercambian ideas, se apoyan mutuamente y establecen una red que actúa de colchón para esos momentos, como el actual, en que el esquema de sus vidas se rompe y caen al vacío.
Ambas partes se cruzan en varios puntos en un intento de coordinarlas. Se alternan en el texto, ya que dependen del grado de concentración de Brill, y llegan a conectarse cuando Brick encuentra en Internet una página con los artículos del crítico, de cuya existencia estábamos previamente informados por los recuerdos de un cumpleaños del anciano. Están sembradas de comentarios a la situación actual de Estados Unidos: ya hemos hablado de ello en la parte de Brick, pero la crítica reaparece cuando se nos desvela que el novio de Katya es secuestrado y asesinado en Irak, que el vídeo de su muerte está colgado en Youtube y que toda la familia lo ha visto.
Es una novela de extensión corta (200 págs,), que gustará a los fieles de Auster y que seguirá sin convencer a aquellos que, sin negar que el autor tiene sus aciertos, no acabamos de encontrarle el encanto. Pero es fácil de leer y les dará entretenimiento para un fin de semana. Eso sí, habrán de esperar hasta septiembre. Ya me contarán.

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Hace ya tiempo que miria quiso creer. Percibo cambios en el horizonte y hay que afrontarlos. Seguiré hablando sola, pero en voz un poco más alta, por si alguien quiere replicar.

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